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Ecografía del segundo trimestre

Se realiza en la semana 14-26 de gestación, y es la valoración por imagen del feto dando un diagnóstico que se encuentre dentro de parámetros normales y compatible con la vida, en caso de presentar alguna alteración o malformación,estar dentro del período legal para abortar (el límite, por el momento, son las 22 semanas) en caso que así lo solicite la madre o de ser necesario. Se observan múltiples parámetros. De hecho, se realiza un “barrido” anatómico bastante completo, que deja poco margen, si la prueba está bien realizada, a que se nos escape alguna malformación importante. Así, se observa: El estado general del feto, sus movimientos, y los de su corazón. Aquí se observa la presencia de los grandes vasos arteriales, de las cuatro cámaras cardíacas, y si las válvulas se mueven adecuadamente. Existen una serie de parámetros que, indirectamente, nos dicen cómo se está desarrollando el feto. Entre estos parámetros destacan: A. El diámetro biparietal: distancia entre los dos huesos parietales del cráneo del feto. Esto es una medida indirecta del desarrollo del cerebro del feto. Si no es posible su medición, hemos de pensar en una ausencia del desarrollo del cerebro: anencefalia. B. La longitud de su fémur: Se trata del hueso del cuerpo más largo, y el que mejor se relaciona con el crecimiento del esqueleto fetal. C. La circunferencia del abdomen: Permite conocer el desarrollo de dicha cavidad. Si la ecografía es de suficiente resolución, podremos ver los diferentes órganos de esta cavidad: Estómago, hígado, riñones, etc. Disponemos de unas tablas que permiten conjeturar, en relación con el tamaño de estos parámetros, la edad gestacional real, el peso y estatura del mismo, y si el desarrollo es el adecuado para las semanas de gestación. La cavidad torácica: el corazón y los pulmones. La columna vertebral también se ve de forma más o menos precisa, a lo largo de toda la longitud de la espalda del feto. Cavidad abdominal: como hemos indicado antes, son fácilmente observables el estómago, el hígado y los riñones, entre otros órganos abdominales. Los genitales: es un buen momento para conocer el sexo de la criatura, si no lo sabemos de antemano, y si ése es nuestro deseo. En la ecografía de las 20 semanas, además de cómo crece el feto, tiene una importancia capital el estudio de: I. La placenta: si ésta está adecuadamente insertada en el útero, si presenta malformaciones, si su posición respecto al feto es la adecuada o no. También se valora si se encuentra a suficiente distancia del cuello uterino, o si, por el contrario, ocluye el paso del feto a través de éste: placenta previa. II. El cordón umbilical: se intentará valorar si está formado por los vasos adecuados «dos arterias y una vena», y si presenta algún tipo de alteración en su morfología. La ausencia de alguno de los vasos citados puede indicar la presencia de alguna malformación. También se valora cómo queda unido a la placenta por un lado (si la unión es correcta o no), y al feto por el otro extremo (es decir, cómo entra en la cavidad abdominal del mismo). III. El líquido amniótico: Sobre todo, la cantidad del mismo, dado que un defecto en cantidad de líquido amniótico puede indicar eventual sufrimiento fetal. Además, poca cantidad denominado oligoamnios, sugiere malformación de los riñones del feto, puesto que la mayor parte del líquido amniótico procede de la vía urinaria fetal. Y un exceso poliamniosnos ha de hacer pensar en malformaciones de la vía digestiva, ya que indica que el feto “traga” el líquido a través de esta vía.
TERCER TRIMESTRE En torno a la semana 34 de gestación. Se debe respetar los periodos recomendados para hacer una correcta evaluación del bienestar de tu feto. Es un balance de la salud y bienestar del feto. Si todo marcha bien él seguirá creciendo con un adecuado desarrollo hasta el final del embarazo. Le permite al equipo médico tener una visión general de las condiciones del parto basada en la presentación del bebé y la inserción de la placenta. Si se programa una cesárea: esta intervención se realiza por la seguridad materno-fetal. El obstetra dará los diagnósticos por la cual se realizará este procedimiento y fijará una fecha específica. La evaluación del crecimiento del bebé por medio de la biometría diámetrobiparietal o BIP, el perímetro de la cabeza o PC, el perímetro abdominal o PA y la longitud del fémur. El informe proporciona mediciones con los percentiles o desviaciones estándares correspondientes. El diagnóstico de cómo se presenta el bebé: Con más frecuencia es la presentación cefálica. Pero puede ser que no se presente así, lo que hará el parto más difícil. Si se presenta sentado lo hará con las piernas cruzadas. Si se presenta de nalgas, estará con las nalgas hacia abajo y las piernas extendidas hacia arriba. O también puede presentarse transversal. El equipo decidirá si se intentará darle la vuelta a través de una maniobra externa con control ecográfico. Si no es posible, se practicará una cesárea. La posición de la placenta (inserta baja o no) importante para el parto. La cantidad de líquido amniótico. La calidad de la interacción entre la madre y el feto se evalúa por Doppler midiendo la velocidad del flujo sanguíneo en ciertos vasos sanguíneos del bebé o de la placenta. Este estudio da la medida del bienestar del bebé. El control de la anatomía de la cara y de los órganos vitales: el cerebro, el corazón y los riñones.
AMENAZA DE PARTO PREMATURO Cuando aparecen contracciones uterinas acompañadas de alteraciones del cuello uterino antes del final del octavo mes (o 37 semanas de amenorrea), existe una amenaza de parto prematuro. A partir de las 37 semanas, el bebé ya no se considera prematuro. Signos de alerta: • Las contracciones son algo normal durante el embarazo, pero cuando se vuelven más frecuentes (más de diez al día) y dolorosas, es necesario acudir de inmediato al médico. Algunas contracciones uterinas también provocan dolor de espalda. El médico determina si el cuello del útero presenta alteraciones desde la última visita. Observarán su longitud, su abertura, su consistencia y su posición, y buscarán la posición de la cabeza del bebé para saber si está demasiado abajo y si se apoya en el cuello del útero. Para confirmar la
amenaza de parto prematuro, se realizará una ecografía vaginal que permitirá medir la longitud exacta del cuello uterino: si es inferior a 25 mm, existe un riesgo y la hospitalización es necesaria. A continuación, es necesario un chequeo para determinar las causas: hiperactividad, embarazos múltiples, infecciones, exposición al dietilestilbestrol, antecedentes de conización.… Tratamiento y reposo. • Si la amenaza es real, antes de las 34 semanas se administran corticoides para acelerar la maduración pulmonar del feto y tocolíticos para inhibir las contracciones. El tratamiento es importante para evitar las contracciones y detener el proceso de abertura del cuello. Sin embargo, sigue siendo obligatorio y esencial guardar reposo absoluto. El objetivo es mantener el embarazo el máximo de tiempo posible y prevenir el riesgo de gran prematuridad. Por lo general, si las contracciones remiten, si se han tomado todas las medidas necesarias y el cuello del útero no está abierto, se indica reposo hasta la 36 semana, o hasta alcanzar una madurez para el nacimiento.
ANOMALÍAS DE PLACENTA Un embarazo a veces se complica debido a una mala inserción de la placenta, que puede cubrir y obstruir el cuello del útero (de forma parcial o total). También es posible que se produzca un desprendimiento de placenta antes del parto. Placenta previa En caso de que la placenta se interponga entre el feto y el cuello del útero, no es posible un parto por vía natural. Además, existe el riesgo de hemorragia, ya que los grandes vasos de la placenta pueden romperse y sangrar. Cuando la ecografía revela esta anomalía, conocida como «placenta previa», es necesario tomar varias precauciones: • conviene hacer reposo • guardar abstinencia sexual • evitarse las exploraciones vaginales. • La hospitalización puede ser necesaria hacia el final del embarazo, y el parto sólo es posible por cesárea. Hematoma retroplacentario Un desprendimiento (total o parcial) de la placenta en los últimos meses del embarazo suele provocar sangrados que van acompañados de una contractura uterina dolorosa y permanente. Las embarazadas hipertensas están más expuestas que las demás a este problema, que puede provocar la muerte del feto y una hemorragia grave en la madre. Con el fin de prevenir estos riesgos, y siempre que el feto sea viable, debe realizarse una cesárea urgente. El hematoma retroplacentario podría reaparecer en un embarazo posterior. En la mitad de los casos no es posible determinar la razón, por lo que el embarazo siguiente requiere un estricto seguimiento. HIPERTENSIÓN ARTERIAL Y PREECLEMPSIA En algunos casos aparece hipertensión arterial durante el embarazo, ya sea de forma aislada o asociada a edemas (en la cara, las manos y las piernas) y proteinuria, que son signos de preeclampsia (o toxemia del embarazo). Este trastorno se asocia a una insuficiencia placentaria que puede provocar crecimiento retardado, sufrimiento fetal e incluso muerte in utero. En estos casos es necesaria la hospitalización. Las gestantes afectadas de preeclampsia requieren un estricto seguimiento, ya que existe el riesgo de que aparezcan complicaciones graves de forma súbita: hematoma retroplacentario y eclampsia. Esta última consiste en un estado convulsivo acompañado de un coma más o menos profundo, y puede ir precedida de dolores de cabeza, trastornos visuales, zumbidos en los oídos o dolores abdominales que deben alertarte y que requieren una visita urgente al hospital. El objetivo del tratamiento es estabilizar la tensión arterial y evitar las convulsiones. El equipo médico puede decidir realizar una cesárea en función del término del embarazo, de la gravedad de los síntomas y de los resultados de las pruebas. Después del parto, la enfermedad deja de desarrollarse, pero es necesario controlar la tensión arterial hasta su normalización. En embarazos posteriores, se recomienda un tratamiento preventivo y un control estricto para detectar una posible reaparición de la enfermedad, aunque esto ocurre en muy pocos casos.
ROTURA PREMATURA DE MEMBRANAS La rotura de membranas consiste en una abertura de la bolsa de las aguas a través de la cual sale el líquido amniótico. Por lo general, se produce en el momento del nacimiento (antes de que aparezcan las contracciones o durante el parto). Sin embargo, es posible que debido a una infección o a contracciones uterinas precoces, la bolsa se rompa de forma precoz (antes del noveno mes o de las 37 semanas). Con el espéculo comprobarán si se trata efectivamente de una pérdida de líquido amniótico y tomarán una muestra vaginal para buscar una posible infección. Comprobarán contracciones uterinas, determinarán la posición del feto y realizarán una monitorización En caso de pérdida de líquido El equipo médico realiza un examen completo y, en la mitad de los casos, el parto tiene lugar durante la semana siguiente. La embarazada debe permanecer en cama y levantarse únicamente para ir al baño. Entre otros, se le administra una inyección de corticoides por vía intramuscular dos días seguidos para acelerar la maduración pulmonar del feto y ayudarle a respirar mejor después del nacimiento. El médico comprueban diariamente la temperatura y el color del líquido que sale y realizan una monitorización para valorar el estado del bebé. En caso de que aparezcan contracciones uterinas antes del sexto o séptimo mes del embarazo, el ginecólogo puede decidir bloquearlas con una perfusión, siempre que esté seguro de que no existe una infección subyacente: es mejor que un niño nazca de forma prematura y sin infección que prolongar el embarazo con una infección que le pondría en peligro. En caso de infección, es necesario proceder al parto lo antes posible. RETRASO DEL CRECIMIENTO INTRAUTERINO O HIPOTROFIA El retraso del crecimiento intrauterino (RCIU), como su nombre indica, es una insuficiencia en el crecimiento del feto. También se conoce como hipotrofia. A lo largo del embarazo, el crecimiento del feto se controla a través de las revisiones mensuales, en las que se mide la altura del útero (distancia entre el pubis y el fondo uterino), y sobre todo gracias a las tres ecografías rutinarias. La ecografía más orientada al crecimiento del feto es la tercera, practicada a los 7 meses o 32 semanas de amenorrea, pues la mayoría de retrasos en el crecimiento aparecen durante el tercer trimestre. Cuando se diagnostica este tipo de retraso, pueden darse dos situaciones, dependiendo de si el retraso en el crecimiento es moderado o grave. Cuando el retraso es moderado, la embarazada se somete cada quince días a un control y a una ecografía para comprobar el crecimiento del bebé. Se recomienda reposo y prescribe la interrupción de toda actividad profesional. Éste es el único tratamiento posible, además del abandono del tabaco en el caso de las fumadoras. Si el retraso es grave, la gestante debe ser hospitalizada hasta el momento del parto para que el bebé, que es más delicado, pueda ser objeto de un estricto control. Es necesario hacer reposo y tomar corticoides antes de las 34 semanas. Con el fin de determinar la causa de este retraso, el equipo médico busca otros signos a través de la ecografía y del Doppler, además de realizar un examen completo. Las causas pueden ser muy diversas: • malformación del feto • infección • preeclampsia • tabaquismo y alcoholismo • anomalías de la placenta o del cordón… Cada dos o tres días se comprueba la evolución del feto a través de la monitorización, la ecografía y el Doppler. • Cuando el RCIU no empeora, el embarazo puede seguir hasta las 37 semanas de amenorrea (u ocho meses), fecha en la que se provocará el parto. Si, por el contrario, el retraso aumenta, el futuro bebé dejará de crecer, lo cual se reflejará en las anomalías detectadas por el monitor y la ecografía.Ha llegado el momento de que nazca el bebé, que seguirá creciendo en la incubadora.Es muy probable que el parto sea por cesárea.

Artículo escrito por la Dra Arminda Victoria Quiroz

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