El paciente emocional prostático

Varón de 67 años de edad, que acude a la consulta con los resultados de la revisión hecha por el urólogo en la semana anterior por su hiperplasia benigna de próstata (HBP).

Como antecedente familiar consta que su padre fue operado de adenoma de próstata a los 70 años de edad.

Entre sus antecedentes personales destacan obesidad, diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, hiperuricemia, hipertiroidismo e HBP.

De su patología prostática se encuentra en tratamiento desde hace 8 años y en la actualidad se mantiene

con tamsulosina (0,8 mg cada 24 horas). Al principio del proceso el urólogo solicito una ecografía de próstata, que resulto ser de estructura normal y con un volumen de 79,62 ml. Se efectuaron sendas biopsias de próstata uno y tres años más tarde, no se encontraron datos de malignidad.

El día de la consulta el paciente manifiesta que continúa con molestias urinarias, pero que tiene miedo a la operación. Ha perdido peso y duerme mal. A la vista de los síntomas del tracto urinario inferior (STUI), el paciente completa el test IPSS (International Prostate Symptom Score), cuyo resultado es de 26 puntos y una calidad de vida de 3 puntos (“tan satisfecho como insatisfecho”). En la ecografía se observa una próstata de ecogenicidad heterogénea y con un volumen de 205,47 ml. El volumen residual posmiccional es de 972,76 ml y en la imagen se detecta el engrosamiento de la pared vesical secundario a la obstrucción uretral. Los riñones presentan estructura y tamaño normales.

Además se procede a realizar un tacto rectal en el que se objetiva una próstata no dolorosa, de volumen III/IV, de consistencia elástica, limites mal definidos y movilidad normal.

En la revisión del PSA encontramos hace 6 meses un valor de 16,61 ng/ml, hace un mes de 19,02 ng/ml y ahora de 14,55 ng/ml; el PSA libre, en todos los casos, es mayor de 21%.

En el ultimo análisis de sangre se verificaron hemograma, hemoglobina glicosilada, VSG y bioquímica general, incluyendo creatinina y filtrado glomerular, con resultados normales. Combur test con resultado negativo.

Se decide pautar tratamiento combinado con tamsulosina y dutasterida (0,4 y 0,5 mg diarios), el primero para mantener su efecto de relajación en el cuello de la vejiga y la próstata, y el segundo para disminuir el tamaño de la misma. Además, se añadió lormetazepam (1 mg por la noche).

Dos semanas más tarde acude de nuevo a la consulta por presentar molestias al orinar. El resultado del combur test fue positivo, por lo que se inicia tratamiento con fosfomicina (3 g cada 24 horas durante dos días). Se mantiene el tratamiento combinado para la próstata.

Una semana después el paciente acude a consulta programada. Ya no tiene los síntomas de escozor al orinar, pero tiene dolor supra púbico. Cada vez duerme peor, lo cual hace que su estado físico se encuentre deteriorado.

En la palpación abdominal se detecta un globo vesical, y se procede al sondaje del mismo. Se extraen 1.500 ml de orina. Se mantiene la sonda permanente. Después del sondaje, se conversa con el paciente y con su esposa respecto a la necesidad de la intervención quirúrgica. Es aceptada finalmente. Mes y medio después sufre un nueva infección de orina por Enterococcus faecalis sensible a ciprofloxacino.

Finalmente, quince días más tarde se lleva a cabo la adenomectomia prostática retro púbica tipo Millin, realizada por el Servicio de Urología, cuyo resultado anatomopatologico posterior coincide con el de HBP. La evolución del postoperatorio es normal.

Al paciente le llama mucho la atención la desaparición de todos los síntomas, y sobre todo la fuerza con la que orina.

Al cabo de 3 meses se le cita para control ecográfico en el Centro de Salud y se objetiva un volumen prostático de 49,74 ml y el volumen residual posmiccional es inapreciable.

Artículo escrito por la Dra. Blanca Morales Apanco

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