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Aborto espontaneo

El aborto espontáneo se define como la pérdida involuntaria del embarazo antes de que el feto sea viable, o sea, a las 22 semanas de gestación. Se denomina aborto precoz a aquel que ocurre antes de las 8 semanas de gestación, correspondiendo al 80% de los abortos espontáneos. El resto ocurre entre las 13 y 14 semanas de gestación y se denominan como abortos tardíos. Esta clasificación tiene cierta utilidad clínica ya que la mayoría de los abortos precoces corresponden a huevos aberrantes o anembriónicos, mientras que los abortos con feto son generalmente tardíos

El aborto espontáneo es una de las complicaciones más comunes del embarazo ya que cerca del 15 % de los embarazos clínicamente reconocidos y 30% de los embarazos detectados por pruebas bioquímicas terminan en aborto espontáneo. Las principales causas de aborto espontáneo son anomalías genéticas o del desarrollo del feto. Otras causas incluyen trombofilias, incompetencia cervical, infecciones y alteraciones endocrinas, factores anatómicos y del sistema inmunológico (1). La definición de aborto establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es la expulsión o extracción de un feto o embrión, de su madre, cuyo peso sea de 500 gramos o menos. Este estadio corresponde aproximadamente a 20 semanas de gestación. Según el Royal College de Obstetricia y Ginecología, el aborto espontáneo puede definirse como la pérdida del embarazo antes de las 24 semanas completas de gestación (2). Una definición alternativa es la de un embarazo que falla, resultando en la muerte y la expulsión del embrión o de un feto de 500 gramos de peso o menos, correspondiente a una edad gestacional de hasta 20 semanas. Los abortos se clasifican como tempranos si ocurren en el primer trimestre (hasta 12 semanas de gestación) o tardíos (entre las semanas 12 a 24 de la gestación).

Comentario

El empleo de análisis de orina muy sensibles para detectar los niveles de gonadotropina coriónica, que aumentan cuando se produce la implantación del embrión, ha permitido a los investigadores establecer de forma precisa la existencia de embarazo en estadios precoces. El seguimiento de las mujeres cuya implantación se había verificado así demostró que alrededor de un tercio de los embarazos se pierden tras la citada implantación (se desconoce el número de abortos que se producen antes de la misma). Por lo tanto, el aborto espontáneo es frecuente en el ser humano. Las anomalías cromosómicas son la principal causa conocida de los abortos. Se calcula que, como mínimo, el 10-15% de las fecundaciones presentan anomalías cromosómicas y que al menos el 95% de las mismas se pierden antes de llegar a término. Los estudios de cariotipo de los abortos espontáneos indican que alrededor del 50% de las anomalías cromosómicas son trisomías, el 20% monosomías, el 15% triploidías y el resto tetraploidías y anomalías estructurales .Ciertas anomalías cromosómicas, frecuentes en la fecundación, rara vez o nunca llegan a término. Por ejemplo, se cree que la trisomía 16 es la más frecuente en la fecundación, pero nunca se ha podido observar en nacidos vivos. Las anomalías cromosómicas pueden estudiarse directamente en los espermatozoides y en los óvulos. Los ovocitos se obtienen por lo general a partir de material no utilizado en los estudios de fecundación in vitro. Los cariotipos de estas células indican que el 20-25% de los ovocitos presentan pérdida o ganancia de cromosomas (cifra que puede estar infravalorada porque los cromosomas de los ovocitos son difíciles de visualizar y contar). Los espermatozoides humanos pueden estudiarse tras ser fusionados con ovocitos del hámster, de forma que su DNA inicie la mitosis y se condense, permitiendo una visualización más fácil. La frecuencia de aneuploidía en estos espermatozoides se aproxima al 3-4%. Se observan anomalías 41 estructurales en cerca del 5% de los espermatozoides y en el 1% de los ovocitos (hay que destacar que las anomalías estructurales se incrementan con el aumento de la edad paterna). No hay duda de que esta elevada tasa de anomalías cromosómicas contribuye significativamente a la aparición de ulteriores abortos

Artículo escrito por la Dra. Alexandra  Zapata Zuluaga

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