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Embarazo y actividad laboral: ¿realmente existe riesgo?

En las últimas décadas la participación de la mujer en la economía familiar se ha incrementado por diferentes factores, entre los que destacan las crisis económicas que ocurren en diferentes épocas, en casi todos los países del mundo, y el deseo de mejor desarrollo personal.

En todo el mundo, los índices de actividad económica de las mujeres han pasado de 54% en 1950 a 66% en 1990, y las proyecciones prevén que alcancen de 70 a 80% en 2010.

En México hubo un incremento de 31.5 a 41.4%, de 1991 a 2007, en la población registrada en el Instituto Mexicano del Seguro Social. En el estado de Aguascalientes, en 2009, 39.4% de la población activa correspondió al sexo femenino.

Existe un concepto generalizado y aceptado de que la actividad laboral incrementa el riesgo de morbilidad y mortalidad materno fetal, ya que la mujer trabajadora embarazada está expuesta a diferentes circunstancias, como: perder su empleo, a la suspensión o degradación de salario y puesto, a realizar trabajos que incluso se han determinado como perjudiciales para su salud o la de su hijo, a la limitación al permiso para consultas prenatales, lo que indudablemente incrementa el riego obstétrico.

El objetivo de este estudio es investigar si la actividad laboral influye negativamente en el curso y término del embarazo en la mujer trabajadora.

PACIENTES Y MÉTODO

El estudio incluyó a 154 pacientes trabajadoras hospitalizadas después de la resolución de su embarazo; también se integró un grupo control con 154 pacientes no trabajadoras seleccionadas por pares.

Se analizaron las siguientes variables: edad, estado civil, escolaridad, ocupación, número de embarazos, número de consultas, incremento ponderal, complicaciones obstétricas, evento obstétrico, método de planificación familiar elegido; sexo, peso y edad gestacional del recién nacido, antigüedad laboral en años y horas laboradas por semana.

RESULTADOS

En lo que respecta a la edad fueron muy similares ambos grupos, sólo encontramos diferencia significativa a favor de las no trabajadoras de entre 36 y 40 años. Hubo diferencias importantes en el estado civil y la escolaridad, ya que en el grupo de las trabajadoras hay menos mujeres casadas y mayor grado de escolaridad. Con la cantidad de embarazos también existió diferencia.

 

Las consultas de control prenatal tienen una gran diferencia a favor de las trabajadoras en el grupo de cinco a ocho consultas; mientras que el incremento ponderal adecuado durante la gestación es mayor en las no trabajadoras.

DISCUSIÓN

En nuestro país existe una legislación clara y precisa, al respecto el artículo 123 de la Constitución, fracción A, menciona: “las mujeres durante su embarazo no realizarán trabajos que exijan un esfuerzo considerable y signifiquen un peligro para la salud en relación con la gestación.

Gozarán forzosamente de un periodo de descanso de 6 semanas anteriores a la fecha probable de parto y 6 semanas posteriores al mismo, debiendo percibir su salario íntegro y conservar su empleo.

El Instituto Mexicano del Seguro Social otorga a la trabajadora asegurada una incapacidad por 42 días antes de la fecha estimada del parto y otra incapacidad por 42 días posteriores al parto.

En la bibliografía médica hay pocos trabajos que refieran el curso del embarazo y de las características sociodemográficas de mujeres que laboran, de ahí surge el interés de esta investigación en la que se observa que la edad no es un factor que marque diferencia en ambos grupos.

Al parecer existe una relación directa de la disminución franca de la tasa de natalidad con la participación activa de la mujer en la economía familiar.

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