Diagnóstico imagenológico de un teratoma gigante de ovario

Los teratomas quísticos ocurren con relativa frecuencia y representan casi el 20 % de todas las neoplasias ováricas. Se presentan más frecuentemente durante los años reproductivos, con una incidencia máxima entre la segunda y cuarta décadas de la vida, y no se descubren habitualmente hasta que crecen lo suficiente para presentar una masa palpable o producir dolor abdominal debido a torsión de su pedículo.

El interés del caso que se presenta consistió en la avanzada edad de la paciente, el gran tamaño del tumor encontrado, así como su torsión, casos como este son muy raros en la práctica médica.

CASO CLÍNICO

Paciente del sexo femenino, de 85 años de edad, que acude a consulta por dolor abdominal agudo; al examen físico se comprobó aumento de volumen de todo el abdomen. Se le realizó ultrasonido abdominal visualizándose una imagen compleja de aspecto tumoral en hemiabdomen inferior, con nivel líquido y nódulo ecogénico (tapón dermoide) en su interior, de aproximadamente 20 cm en su eje mayor que impresionó corresponder con un teratoma quístico de ovario. Seguidamente se le hizo una tomografía computadorizada simple de abdomen encontrándose una imagen mixta con densidades que oscilaron entre -40 y 80 UH, con nivel líquido-líquido y tapón dermoide ya visto por ultrasonido; se observaron además calcificaciones en su interior confirmándose la sospecha diagnóstica planteada. Junto a los datos clínicos de la paciente (dolor abdominal intenso), hizo sospechar que el tumor estaba torcido, lo cual motivó el tratamiento quirúrgico inmediato, comprobándose la existencia de un enorme teratoma quístico torcido de ovario derecho. La evolución posoperatoria de la paciente resultó favorable, y fue dada de alta completamente restablecida.

COMENTARIOS

El hallazgo de un teratoma gigante en una paciente de 85 años es un hecho muy infrecuente en la práctica médica, pues suele presentarse en mujeres jóvenes en los años de vida reproductiva activa. Además se caracteriza por ser relativamente pequeño en comparación con otras neoplasias ováricas; el 75 % tienen menos de 10 cm de diámetro. Más de la mitad de las mujeres son asintomáticas (60-85 %), y el dolor abdominal (48-78 %) constituye el síntoma más frecuente. A veces pueden presentarse con dolor agudo, bien por torsión o por ruptura espontánea. Es frecuente la existencia de una protuberancia que se proyecta desde la pared hacia la cavidad del quiste (protuberancia o tapón dermoide). El pelo presente en el tumor, normalmente surge desde dicha protuberancia, y cuando hay huesos o dientes, también tienden a estar localizados dentro de esta área. Aunque generalmente son benignos, la degeneración maligna ocurre entre el 2 y el 3 % de los casos, y más frecuentemente en el grupo posmenopáusico.

La ecografía constituye el examen de elección para el estudio de las masas pélvicas.

La apariencia ecográfica es también muy variada, y va desde una masa puramente quística a una masa sólida, a veces difícil de identificar, pasando por todo tipo de masas complejas con septos, polos sólidos, niveles líquidos, etc. Probablemente la apariencia más específica sea la de una masa compleja con componentes ecogénicos, líquidos y sólidos. El signo de la «punta del témpano» o de la «punta del iceberg» consiste en una masa muy ecogénica con sombreado posterior que oculta las estructuras que se encuentran detrás.

La tomografía puede ser de gran utilidad debido a su capacidad de detectar sus variados componentes. Un patrón específico es el de una masa predominantemente grasa con calcificaciones en una protuberancia sólida. La demostración de un nivel dependiente de la gravedad es patonogmónico y se debe a la presencia, en la cavidad del quiste, de un componente líquido seroso y de un componente sebáceo espeso. Siempre es conveniente resecarlos por las posibles complicaciones de rotura, torsión o malignización; esta última resulta más frecuente en pacientes mayores de 40 años de edad.

En conclusión, los teratomas constituyen un hallazgo infrecuente en la mujer anciana, no obstante, no debe olvidarse que existen y que las posibles complicaciones de rotura, torsión o malignización son más frecuentes en pacientes mayores de 40 años de edad.

COMENTARIO

Los teratomas quísticos representan casi el 20 % de todas las neoplasias ováricas. Se presentan más frecuentemente en mujeres en etapa fértil y cuando crecen lo suficiente para presentar una masa palpable o producir dolor abdominal debido a torsión de su pedículo. Pueden ser una causa de infertilidad. La ecografía constituye el examen de elección para el estudio de las masas pélvicas.

La apariencia ecográfica es también muy variada, y va desde una masa puramente quística a una masa sólida, a veces difícil de identificar, pasando por todo tipo de masas complejas con septos, polos sólidos, niveles líquidos, etc. Probablemente la apariencia más específica sea la de una masa compleja con componentes ecogénicos, líquidos y sólidos. El signo de la «punta del témpano» o de la «punta del iceberg» consiste en una masa muy ecogénica con sombreado posterior que oculta las estructuras que se encuentran detrás. Lo importante de este caso extraordinario es que al tratarse de una mujer posmenopáusica hay probabilidades para que el teratoma derive en malignización, hubiera sido interesante que los autores de este artículo hubieran mencionado si la paciente pudo tener descendencia.

Artículo escrito por la Dra. María de Jesús López Anguiano.

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