Ecografía bidimensional y doppler en el diagnóstico y seguimiento de las complicaciones de riñón trasplantado

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Menciona que hace aproximadamente hace 40 años, empezó a utilizarse en las ciencias mediados y desde ese momento ha experimentado importantes cambios.
Con el desarrollo de la informática, los equipos de ecografía han evolucionado hasta lograr la introducción del ultrasonido tridimensional y la exploración de la vascularización, basados en el efecto Doppler y la telesonografía; esta última colocalos equipos de ultrasonido en red, de manera tal que las imágenes pueden observarse al unísono por varios especialistas, en distintos lugares a la vez.
El término Doppler significa cambio de la frecuencia de una onda sonora con el movimiento de la fuente respecto al receptor. Los datos aparecen como un espectro junto a la imagen bidimensional.
Actualmente, ante la sospecha de enfermedad renal de cualquier causa, la ecografía se emplea para el estudio inicial.
Las técnicas de imagen junto con la biopsia renal constituyen el pilar fundamental en el proceso diagnóstico del paciente con trasplante renal y deterioro de la función del injerto.

El ultrasonido con Doppler, la angiorresonancia y la tomografía axial computarizada multicorte han desplazado pruebas radiológicas invasivas, entre las cuales figura: la angiografía renal, la cual debe indicarse en casos complejos donde se requiera de la intervención vascular.
La exploración ecográfica de un riñón trasplantado resulta fácil debido a su localización extraperitoneal relativamente próxima a la superficie cutánea, razón por la cual se pueden emplear transductores de alta frecuencia para obtener una imagen precoz de alta resolución en situación basal y en su posterior seguimiento. De esta manera, se logra ver mejor la diferenciación corticomedular y el seno central, que en los riñones nativos.

También, ofrece información rápida sobre las características morfológicas relacionadas con el tamaño, la posición, el grosor y ecogenicidad del parénquima, el grado de diferenciación corticomedular, la presencia de masas tumorales y la obstrucción del flujo urinario; permite además, valorar el flujo sanguíneo en el interior de las arterias y venas renales, lo cual resulta de especial importancia cuando se sospecha una complicación de causa vascular.

Mencionamos que el trasplante de riñón esta considerado la mejor opción terapéutica para el paciente afectado con insuficiencia renal crónica en estadio terminal, pues no solo posibilita el restablecimiento de la función renal en su totalidad , si no que mejora su superveniencia y calidad de vida.

El diagnostico precoz y el tratamiento de los factores de riesgo de la enfermedad renal crónico deben prevenir su aparición o enlentecer sus progreso, lo cual posibilita que los pacientes con insuficiencia renal crónica y con diálisis sean atendidos con mejores condiciones clínicas, esto contribuirá a la disminución de la morbimortalidad en el programa de diálisis y trasplanté renal.
Gracias a los avances obtenidos en las ultimas décadas, tanto de las técnicas quirúrgicas, como del tratamiento inmunosupresor, las complicaciones han disminuido su incidencia, lo que ha aumentado las tasas de supervivencia de los injertos y sus receptores.
Las complicaciones relacionadas directamente con el riñón trasplantado puede ser clínicas o quirúrgicas y presentarse a corto o largo plazo.
Las clínicas muestran entre 12 y 31% de los casos e incluyen, la relación de rechazo, la necrosis tubular aguda y la toxicidad producida por fármacos.
Las quirúrgicas contienen, entre otras, las estenosis ureteral, los acúmulos de líquidos perrirrenales y la insuficiencia vascular.

El diagnostico diferencial incluye una serie de complicaciones que puede tener diferente orígenes, entre los cuales figuran: prerrenal (depleción de volumen, hipotensión, trombosis arterial o venosa) parenquimatoso (rechazo hiperagudo, nefrotoxicidad por ciclosporina, síndrome hemolítico urémico, necrosis tubular aguda, pielonefritis aguda ) o posrenal (obstrucción de catéter uretral, urinoma, linfocele, hematoma). Una minoría de pacientes con retraso en la función inicial nunca tendrán función de injerto debido fundamentalmente a un proceso inmunológico (rechazo hiperagudo o acelerado) o a una catástrofe vascular.

Ecográficamente, en la disfunción inicial del injerto que incluye el rechazo agudo, la necrosis tubular y la toxicidad por anticlacineurinicos (ciclosporina o tacrolimus) se observa un aumento del tamaño del injerto y de la ecogenicidad del parénquima con pirámides prominente y comprensión del seño renal.
El aumento del índice de resistencia (0.7 o mas ) se considera clásicamente especifico de rechazo agudo, si es superior 0,8 y 0.9 se le atribute valores predictivos positivos de rechazo de 82,9 y 100,0 % respectivamente.

El eco-doppler tiene utilidad en estudios secuenciales. El incremento de los índices de resistencias en estudios sucesivos, asociado al deterioro de la función de un injerto inicialmente funciónate es sugestivo de rechazo agudo; mientras que la existencia desde el postraspante renal inmediato, de índices de resistencias elevados en un injerto no funcionante sugiere la presencia de una necrosis tubular aguda.

Conclusiones:
La ecografía es una buena elección para el diagnostico precoz y seguimiento de las complicaciones clínicas y quirúrgicas del riñón trasplantado, por su alta sensibilidad, inocuidad, no requerir preparaciones y un costo relativamente bajo, lo cual contribuye al tratamiento oportuno de las complicaciones, la preservación del injerto y el mejoramiento de la calidad de vida del enfermo

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