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Las vías biliares

Las vías biliares intrahepáticas transcurren adyacentes a las raíces de la vena porta y las ramas de la arteria hepática. Los conductos hepáticos derecho e izquierdo se unen para formar el conducto hepático común a nivel del hilio hepático el cual mide aproximadamente 30 mm de longitud, y se une al conducto cístico para formar el conducto colédoco midiendo este último aproximadamente 70 mm. En su extremo distal se ubica por detrás de la cabeza del páncreas. El colédoco distal acompaña al conducto pancreático para desembocar en la segunda porción del duodeno. Las dimensiones del colédoco son variables, sus paredes se pueden engrosar disminuyendo la luz del conducto. La medición debe hacerse del contorno interno de un lado al lado opuesto.

La sombra sónica es consecuencia de la reflexión como de la absorción del sonido. Puede generarse un fenómeno de “resplandor” que se proyecta hacia la luz vesicular y puede simular una capa de pequeños cálculos, los cambios de posición del paciente pueden ayudar en este caso.

En ocasiones la vesícula está llena de cálculos, contraída y con la pared engrosada de manera crónica que lo único que se ve es reflexión y absorción del sonido con una sombra sónica posterior que parte de una imagen ecogénica de concavidad distal.

El lodo o barro biliar no cursa con sombra sónica y cambia de posición al movilizar al paciente. Debe intentarse que el haz del ultrasonido sea perpendicular al sitio   donde se va a medir la vesícula biliar para evitar imágenes en bisel que pudieran simular engrosamiento.

En los casos de líquido libre abdominal, la pared vesicular puede aparecer con mayor grosor de lo normal. La causa más frecuente de engrosamiento de la pared de la vesícula biliar, es la colecistitis aguda. Hay dolor a la palpación con el transductor en el sitio vesicular y aumento del tamaño de esta y signo de Murphy. En la colecistitis crónica se encontrara también litiasis vesicular con engrosamiento parietal e integridad de la pared vesicular. En lo que respecta a tumores, el carcinoma de vesícula biliar es muy agresivo, que conduce a lesiones a distancia rápidamente y cursa con un mal pronóstico, afecta más a las mujeres 4 a 5 veces en relación a los hombres y guarda relación con la litiasis y con inflamación crónica de la vesícula biliar. Cuando la pared es muy irregular o se encuentra una masa solida intraluminal debe sospecharse la posibilidad de neoplasia. La TAC es el método más preciso para estadificar la lesión.

El melanoma es el tumor que con más frecuencia se produce a distancia. La parasitosis de vesícula con áscaris lumbricoide, o en las vías biliares intra y extrahepaticas es rara, en caso de parasitosis intracanalicular, se puede generar ictericia crónica de difícil diagnóstico. La hidrocolecisto, puede ser por obstrucción del conducto cístico. La ictericia hepatocelular por daño hepático puede cursar con cambios ultrasonográficos.

El colédoco no debe medir más de 5 mm, su diámetro aumenta en los pacientes operados de colecistectomía cuando existió obstrucción previa. También con la edad existe cierto aumento en su diámetro.

El signo de “cañón de escopeta”   consiste en visualizar un conducto biliar dilatado, el cual adopta una imagen semejante a la rama adyacente de la vena porta normal.

En cuanto a los tumores, los llamados tumores de klatskin estos se ubican en la confluencia de los conductos hepáticos derecho e izquierdo. Con lo que respecta a la dilatación de la vía biliar, esta puede ser secundaria a una anomalía congénita “Enfermedad de caroli” y consiste en la dilatación quística de las vías biliares intrahepáticas.

Aunque la dilatación de las vías biliares no es necesariamente secundaria a obstrucción. Puede ser también de origen congénito, se puede diagnosticar un quiste en el colédoco que alcanza gran tamaño y se diagnostica por su localización y ecogenicidad.

Artículo escrito por la Dra. Maribel Santos Montero

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